Una lluvia diminuta pero insistente se ha instalado sobre el cielo porteño desde hace días. El frío y las ráfagas de viento menguaron el martes por la noche. A metros de la emblemática Avenida Santa Fe, en la embajada de España se presenta la recopilación "La democracia contemporánea". Es allí que la diversidad de voces y miradas tiene un motivo para festejar.

Y más aún lo tiene Salta, porque el libro se inicia y concluye con dos reflexiones firmadas por Salvador Marinaro.

En abril de 2014 el escritor salteño obtuvo el primer premio en la segunda edición del concurso de ensayos Filosofía Sub 40 con la obra "No hay lugar para la muerte". Además de aquel análisis, "Violencia natural: perspectivas para una ecología crítica", del mismo autor, concluye la selección reunida y editada por Aurelia libros.

Algo más de dos años pasaron para que este trabajo tuviera su versión impresa, en una antología que se completa con otros nueve autores, entre ellos Mariana Beatriz Noé y Andrés Fortunato.
Luego de la presentación que conjugó una decena de puntos de vista, de la mano de diez escritores diferentes, Salvador Marinaro dialogó con El Tribuno sobre la actualidad del ensayo y sus planes a futuro que lo encontrarán formándose en la Universidad de Shanghai, en China.
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¿Cómo fue el proceso del libro?

El libro "La democracia contemporánea" surgió a partir de la convocatoria del Premio Filosofía Sub 40. Fue organizado por la Embajada de España, el Centro Cultural de España en Buenos Aires y la Dirección General del Libro; tenía por objetivo dar visibilidad a las nuevas voces del ensayismo argentino. El ensayo es uno de los géneros de mayor historia en nuestro país, de alguna manera las discusiones políticas, literarias y estéticas del pensamiento nacional se dieron en clave ensayística. Pienso que esto se debe al lugar intermedio, difuso y disgregado del género: no es una narración, no es un tratado filosófico, no es una crónica periodística, pero se sirve de todos los géneros para "ensayar" respuestas provisorias a problemas complejos. Hay dos trabajos míos publicados en este libro y en ambos intenté mantener un equilibrio entre la experiencia personal y los problemas contemporáneos. Uno de ellos trata sobre los cambios en la percepción de la muerte en la sociedad actual (el gran tabú del capitalismo tardío) y el segundo una meditación sobre el rol del medio ambiente en la comunidad política.

¿En qué contexto se basaron para configurar el ensayo?
Vale aclarar que los textos fueron escritos entre 2013 y 2014, cuando vivíamos una situación social muy distinta: hoy, la urgencia me hubiera llevado a plantear otros problemas en torno al poder y lo político. Sobre todo vinculados a la precariedad laboral, la disgregación social, el capitalismo extractivo y el poder mediático, como fantasmas que cuestionan la sola posibilidad de la democracia. La edición recién se acordó a principios de este año.

¿Cuál es el lugar del ensayo en la actualidad?

Creo que desde mediados de los sesenta el ensayo perdió terreno. Hubo una discusión entre Gino Germani, el gran sociólogo que fundó la primera escuela de investigaciones sociales en Argentina, y Ezequiel Martínez Estrada, uno de los grandes ensayistas. Básicamente escenificó el contrapunto entre dos modelos del pensamiento sobre lo social: por un lado la academia y por el otro, el ensayo especulativo sin valor científico. Germani decía que los libros de Martínez Estrada no tenían una metodología estricta, ni un marco teórico que sostuviera sus meditaciones. Ambas observaciones son ciertas, pero el ensayo tiene otro objetivo que en la actualidad se ha vuelto cada vez necesario: apostar en lo oscuro, dar una mínima observación que permita corporizar qué es lo que está sucediendo en la sociedad.

¿En esto incide la expansión del mundo universitario?
Desde la discusión entre Germani y Martínez Estrada, el paper académico empezó a ocupar el lugar del ensayo: creció su ámbito de circulación, aparecieron nuevas revistas con referato, se desarrolló la carrera científica en los últimos quince años. En un punto es la condición del crecimiento exponencial que tuvo el mundo universitario (y que, por cierto, está en juego por la reducción del presupuesto a las universidades). El paper tiene un conjunto de reglas que lo alejan del ensayo: es evaluado por especialistas y está dirigido a otros especialistas. Hoy la sociedad exige al académico un conjunto de explicaciones, que no se restringen a la escritura cifrada de los profesionales.
Creo que el ensayo vuelve a ganar terreno por la enormidad de los problemas sociales y también por la superación del debate Academia/Escritura Literaria. La mayoría de los nuevos ensayistas pertenecen al mundo universitario y buscan una expresión que abra el juego al lector. Por eso, el ensayo contemporáneo empezó a tener mayor difusión.

¿Como te vinculas con el ensayo a partir de la raíz poética?

En primer lugar, no creo en la diferencia de géneros (en todos los sentidos de la palabra). Más bien, considero que todo lo que escribo tiene un trasfondo común: me gusta hacerle preguntas a la escritura, esperar que construya un significado. Pienso que escribir es un balbuceo ante la dispersidad: toda escritura es un intento de dar sentido al mundo. Por eso, poesía y ensayo son dos manifestaciones de un mismo abordaje. Me interesa la literatura que genera alguna clase de picazón y abre la cabeza. Koselleck utiliza un término: horizonte de sentido, que se refiere a cómo una sociedad interpreta lo que sucede. Precisamente, el ensayo, la poesía y la literatura intentan ampliar el horizonte de sentido de una sociedad.

¿Cuáles son tus planes a futuro?
Acabo de ganar una beca para cursar un doctorado en la Universidad de Shanghai. Es una beca de tres años y debo permanecer dos en China. Mis investigaciones se refieren a las relaciones intelectuales entre países en desarrollo, las discusiones en el seno de la izquierda argentina y el peronismo. Académicamente, estaré abocado al estudio de la circulación entre intelectuales argentinos y China y por supuesto, descubriendo la literatura de ese país maravilloso.

En poesía, tengo un par de trabajos que están a la espera de la edición, quizás a principios del año que viene, haya un libro nuevo.

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