Hoy se estrena en todo el país "Truman", un film donde Ricardo Darín encarna a Julián, quien recibe la visita inesperada de su amigo Tomás que vive en Canadá. Los dos amigos junto a Truman, su perro fiel, compartirán a lo largo de cuatro intensos días momentos emotivos y sorprendentes, provocados por la difícil situación que está atravesando Julián.

En una conversación íntima con un número reducido de medios, el actor ganador del Oscar, reflexionó sobre la muerte, la vulnerabilidad y la importancia de respetar las decisiones de quienes nos rodean.

¿Creés que es la primera vez que el público te encontrará en un personaje vulnerable?

La historia es vulnerable, no sólo el personaje. Porque todo está muy a flor de piel, en carne viva. Y además tiene algunos giros que son polémicos, como algunas decisiones que toma, en contraposición a lo que su prima –magistralmente interpretada por Dolores Fonzi- nos proponía. Eso hace que sea particular todo el desarrollo de la historia. No sé si es la primera vez que hago un personaje tan frágil. De todos modos, es un personaje que está en carne viva. Está en su último tramo y da señales de que no se arrepiente mucho de la decisión tomada. Es una historia tristemente tan conocida por todos nosotros. La diferencia está en el enfoque, después es un tema que todos conocemos de memoria.

¿Cuáles son las búsquedas de la historia?

Creo que lo que busca el director es defender el derecho que deberíamos tener todos de decidir sobre nuestras propias vidas, sin que eso signifique una irreverencia o una falta de respeto para con los demás. Es difícil, pero cuando esperás que alguien tome determinada posición y la toma, produce cierta incomodidad y decís: "esperá, no estás pensando en nosotros". Somos muy exigentes y poco comprensivos. Estamos muy atados al sentido común, que indica que un tipo como mi personaje, en esas características, debería cumplir con una serie de normas y si no las cumple, nos incomoda. Me parece que lo que busca Cesc Gay es provocar desde ese ángulo. Es decir, qué pasa con un tipo que toma dos decisiones polémicas, defendiendo su derecho a decidir sobre su vida lo que se le cante.

Mencionás a la incomodidad, ¿qué te generó el personaje en ese sentido?

Me la pasé enfermándome durante toda la película. Hay algo que funciona en el caso de nuestro oficio: vos estás entero, si no, no podés hacer el trabajo. Pero cuando jugamos a acercarnos al abismo, cuando jugamos a ser más débiles, frágiles, vulnerables, de algún modo se fija. Me la pasé enfermo: si no era la garganta, estaba con gripe, o sentía que tenía 140 años o estaba muerto de frío, siempre me pasaba algo. No estamos hablando de un tema fácil, no es una comedia, es una historia complicada y te ponés medio en carne viva. Entonces entran más balas que de costumbre.

¿Te bajaron las defensas?

Claro, de verdad. Porque estás jugando a eso, a que estás muy vulnerable, muy perjudicado. Y a veces, te lo terminás creyendo.

¿Qué te pasa, a nivel personal, con el transcurrir del tiempo y con la muerte?

Es un poco lo mismo, depende de cómo te pares. Yo hago lo puedo. No me siento tan mal como debiera, a pesar de estar cascoteado, pero es lo que hay y creo que lo mejor es darle la mejor cara. Detesto esa vertiente de gente que dice: "Claro, ya estamos más grandes". Sí, estás más grande, pero eso tiene algunas cosas positivas también.

¿Cuál es el rol del perro en el film?

El director no quiso hacer una película sobre el perro, de hecho se sacaron escenas en el montaje. La gran preocupación de ese personaje por saber a quien le va a dejar su perro, no es más que un truco para enmascarar lo que es el verdadero carozo, que es el amor que se tienen estos dos tipos con esta mujer. Entre ellos dos y ese triángulo, las interrelaciones. Lo del perro estaba deliberadamente puesto así para que no se llevara la película.

En varias escenas tu personaje sobredimensiona algunas cosas ¿en qué situaciones de tu cotidianeidad caés en esa sobredimensión?

Hay situaciones en las que hay una ligera tendencia a sobredimensionar. Es un poco como cuando te lastimás el codo y sentís que todo el mundo te habla de eso. En realidad siempre es así, solo que te das cuenta cuando lo tenés herido. Yo sobredimensiono algunas cosas cuando estoy especialmente más sensible, y estoy atento a no pasarme de rosca porque cuando me pongo en fanático obsesivo, no me aguanto.

¿Te hace ruido eso de hacer llorar?

No. Son circunstancias de los libros. A veces sucede. La verdad es que la relación que tuvimos en este rodaje fue increíble y creo que fue para escapar de la temática: teníamos esa pulsión por reunirnos, ir a tomar una cerveza, la pasamos muy bien, teniendo entre manos un tema como este. Se eluden los golpes bajos y eso me parece muy importante.

¿Qué enseñanzas te deja Truman?

Felicidad por el trabajo y aprendizaje, porque cuando jugás a ser otra persona y a tratar de ponerte en su contexto, a intentar vivir circunstancias que te son ajenas, es innegable que te llevás un aprendizaje: aprendés a ser más amplio, más tolerante, más comprensivo, a ponerte en el lugar del otro. Lo primero que nos sale es ser críticos, prejuzgamos en lugar de comprender al otro. Esta es una de esas historias en las que me parece que te podés llevar como agregado aquello de ponerte en los zapatos del otro, antes de estar en contra de la decisión que tome otro

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