Seguramente Lucía Pineda es de esas personas que no pueden hacer de cuenta que nada ha pasado después de encontrarse con la mirada desesperada de un perro.

Desde la medianera de su casa en barrio Palermo II, hace un par de meses, descubrió en el fondo de la casa de su vecino a cuatro mascotas que habían quedado abandonadas a su suerte.
Apenas la vieron aparecer detrás de la pared, los cuatro animalitos la miraron con la ansiedad de un náufrago y ella se hizo cargo de ese encuentro.

Los perritos pertenecían a la familia sustituta de Thiago Quipildor y sus hermanitos, y habían quedado desamparadas desde que la pareja que tenía a su cargo a los niños había quedado detenida.

Luego de hacerse cargo de las mascotas proporcionándoles comida y agua a través de la medianera, y viendo que el tiempo transcurría y nadie entraba a la vivienda a socorrer a los perritos, Lucía decidió hacer pública la situación a través del Facebook. La noticia se publicó en El Tribuno y al día siguiente, familiares de los propietarios de la casa se hicieron presentes en el lugar (hasta ese momento las autoridades les tenían prohibido el ingreso).

Lucía se puso en contacto con ellos y le manifestaron su imposibilidad de hacerse cargo de los cuatro animales. Se quedaron con Floppy, la perra ruluda, de mayor edad, y acordaron que los otros tres serían ofrecidos en adopción responsable. A la cachorra de pelaje negro y pechito blanco la adoptó una familia que vive cerca de la avenida Arenales y la bautizaron Kiara. Al cachorro de pelaje ocre lo adoptó una familia que vive por la zona de la Tavella y lo bautizaron Roco. El perrito de pelaje amarillo está extraviado.

"Se perdió el primer día que los familiares abrieron la puerta. Aún no he podido dar con él, pero seguro alguien lo agarró porque me recorrí todo el barrio y no está", contó Pineda esperanzada.

Si algún vecino lo cobijó, a su principal benefactora le haría muy bien saberlo (154092172). "Tuvieron un dios grande los cachorros", comenta Lucía y agradece la difusión aportada por el diario. Pero lo cierto es que Dios a veces necesita que las personas le den una manito. Y Lucía le dio las dos.

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