Los restos de Rómulo Macció, uno de los artistas plásticos más importantes de la Argentina, que murió de un paro cardiorrespiratorio el jueves último, a los 84 años, en Buenos Aires, fueron velados en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA). El último adiós a este artista, que brilló por la originalidad de su obra en los últimos 50 años, se realizaba en la sala "Arte argentino del siglo XIX", del museo, donde habitualmente se exhiben pinturas y esculturas de artistas de nuestro país. El féretro con los restos de Macció fue ubicado en el centro de la sala, detrás del cual se destacaba una pintura de su autoría, denominada "Hambre", un óleo sobre tela, que forma parte de la colección del MNBA.

Artista fundamental

Macció fue un autodidacta, que realizó su primera muestra en 1956, con telas de orientación surrealista, e integró los grupos Siete Pintores Abstractos -junto con Jorge de la Vega, Ernesto Deira y Enrique Sobisch-, Boa -con artistas como Clorindo Testa y Rogelio Polesello- y, en los años 60, el mítico Nueva Figuración, con Luis Felipe Noé, De la Vega y Deira.
Se trató de un grupo histórico, que rompió con el lenguaje tradicional de la pintura existente en la Argentina debido a su potencia expresiva, a su desdibujamiento de los límites del marco, a encontrarse a medio camino entre la abstracción y la figuración. En el caso de las pinturas de Macció de esta época, eran prácticamente violentas, superpotentes, muy gestuales y con las formas totalmente distorsionadas. Más tarde entraría en una figuración precisa y de clima extraño, raro, basado en Nueva York y en el Río de la Plata: supo ver en las ciudades, en el paisaje urbano, lo que nosotros no veíamos. Y luego, recientemente, en una síntesis casi extrema y una paleta inesperada.
"Rómulo Macció fue uno de los artistas plásticos más originales de su generación y un referente de la escena cultural argentina en los últimos 50 años. A quienes tuvimos la oportunidad de conocerlo, su muerte nos apena muchísimo, ya que vamos a extrañar su presencia, sus comentarios siempre lúcidos y sin concesiones, su mirada audaz y desprejuiciada. Por fortuna nos deja una obra contundente, que imprime una marca única en la historia del arte contemporáneo", expresó Andrés Duprat, director.

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