"La mano en el frasco en la caja en el tren", un título inquietante que más que a demorarse en los tres contenedores y en el miembro inerte que nombra invita a cuestionarse quién ha sido -o sería- capaz de matar. Por primera vez en sus nueve años de existencia el grupo NN Teatro se involucra con la intriga y el suspenso en esta pieza del dramaturgo argentino Pedro Sedlinsky.

El archivero Anselmo (Daniel Gauna) y su jefe Kapusta (Rodolfo Elbirt) viajan en tren y hablan de la caza. Anselmo transporta en su caja un frasco y dentro de este, la mano de la que ha sido su primera presa: una mujer que se arrojó a sus brazos. El tren no llegará a una estación determinada, sino que el sentido del viaje será la iniciación de Anselmo asumida por el cazador Kapusta. Además, una bella camarera (Agustina Nardolillo Allue) entrará en los planes del dúo.


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La obra se presentará el 19 y el 20 de este mes, a las 21.30, en el Centro Cultural América. Las entradas, a $120, están en venta en Mitre 23. De visita en la redacción de El Tribuno, la directora Nena Córdoba (47) y los tres protagonistas de la obra se refirieron al proceso de composición de "La mano..." y a esta elección tan particular para el medio artístico salteño.

"Siempre fue de nuestro interés poner una obra en el escenario con cierto color cinematográfico. El suspenso y la intriga son muy teatrales, porque en ellos se juega mucho con la imagen", señaló Nena. "Quizá por ahí viene el placer que yo siento con este género, además de mi propia perversión escondida o inconsciente; pero uno le tiene miedo al suspenso porque no es fácil crear climas ni desarrollar una intriga sin revelar la solución del conflicto, porque cuanto más tarda en revelarse esa intriga más se engancha el espectador con una obra", agregó.

La complejidad de la que Nena habla reside en que el séptimo arte se sirve de una cámara con la que lograr un primer plano o un primerísimo plano o un plano detalle para generar un sentimiento de incertidumbre o de ansiedad en la audiencia, mientras que en el teatro el gestar tensiones y emociones primarias en el público depende casi exclusivamente de los actores. "Por más efectos que le pongas o por más preciosa que sea la escenografía, siempre quienes contienen la acción dramática y construyen los climas de suspenso e intriga son los actores. Entonces no es fácil, tanto para el actor como para el director, poner en el escenario el suspenso", dijo Nena.

Acerca de la manera de contar del actor y dramaturgo Pedro Sedlinsky -cuyo mayor mérito según críticos especializados son los diálogos acotados que construye- Nena dijo: "Pablo Sedlinsky tiene una gran cabeza para hacer un intríngulis chíngulis y que no se le escapen detalles. He leído unas cuantas cosas de él, por ejemplo 'El informe del Dr. Krupp', y tiene una maestría para generar más que suspenso diría terror, porque uno va leyendo o viendo una historia de él y a veces las cosas parecen tan poco normales que generan miedo", señaló.

La relación asimétrica entre Kapusta y Anselmo fue trabajada arduamente por Rodolfo Elbirt (46) y Daniel Gauna (37).

"Mi personaje es complejo porque es el que desarrolla la perversión, el dominio y el poder. Creo que también refleja una parte importante de la sociedad, sobre todo una parte que detenta y ejerce el poder. Hay Kapustas en la historia argentina muy marcados y en la vida cotidiana, pero cuando están en el poder es cuando más se los padece", reflexionó Rodolfo, a quien el personaje le insumió una búsqueda emocional fuerte. "Lo difícil es sacar el lado oscuro, desarrollar la perversión de gozar y disfrutar con el dolor ajeno. Es un personaje que uno puede identificar fácilmente con la gente que disfruta ejerciendo el poder y la manipulación, con la impunidad del poder", sintetizó.

Anselmo es un archivero, empleado de Kapusta, sumiso y obsesivo, y para sobrevivir en ese sistema de su jefe tiene que satisfacer hasta sus mínimos deseos. "A mí la obra me conecta con Kafka, con ese sistema de poderes donde está todo oculto y en el que uno vive en una burbuja de poder sin poder ver dónde está lo que le modifica la vida. Este personaje es un títere y lo goza", definió Daniel. Añadió que Anselmo va atravesando distintos estados, desde la inocencia servil hasta convertirse en un enfermo. "Cuando era un adolescente tenía una forma de percibir que los demás me perseguían, era una paranoia; pero no fui a buscar esas imágenes para construirlo", detalló.

"El trabajo actoral más grueso es el conflicto interno, porque los textos en su mayor parte son de Kapusta, quien debe sostener el suspenso en la sonoridad, mientras que Anselmo lo debe hacer con los gestos", destacó Nena.

Así el texto de Kapusta choca como un oleaje contra los riscos de la psicología de Anselmo. "Sentís una energía que te llega por su dolor, por su horror, por su tristeza que te llegan a través de los gestos de Anselmo al escuchar las palabras de Kapusta. Por ello fue tan importante conectar con mi compañero, el construir esta relación con él", concluyó Daniel. Por último, adelantaron que habrá juegos de luces y sombras. Los aspectos visuales del espectáculo y la iluminación fueron cuidados por Juan Carlos Sarapura.


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