En agosto de 2014 Juana Dib cumplía 90 años. Para esa ocasión quise homenajearla con un texto donde la retrataba con su real estatura ética y su dimensión de escritora. Su figura seguirá estando entre nosotros porque fue una de las mujeres más dignas y nobles que se hayan conocido.

Retrato de Juana Dib

Junto a su cuna el hada madrina, le decía:/ "Te traigo tres regalos: un rostro con belleza, / la fina inteligencia y el don de la poesía".
Y Juana acrecentó el trébol inicial./ Su corazón creció en bondad y justicia. /Su alma hospitalaria jamás tuvo cerrojos: / cobijó al perseguido, consoló a los que lloran, /compartió su salario con los que hambre tenían.
Al fin de la jornada va desnuda de bienes: / ni fortuna ni casa. Sólo feliz memoria/ de la luz que ha sembrado su sangre dadivosa. /
Cuando la pienso evoco la voz de la Gabriela: / "Los hierros que le abrieron el pecho generoso/ más anchas le dejaron las cuencas del amor".
Porque es así de simple la verdad de sus días:/ de tanto albergar canto, de tanto ofrecer nido,/ no responde a las nieves que le trajeran llanto/ ni pacta con los páramos/ donde brota la triste hierba del egoísmo.
Hermana, hermano, cuando sus versos leas/ ríndete a la hermosura de sus líricos textos/ donde el amor fulgura o gime Palestina.
Y no olvides si tienes la gracia de encontrarla/ que Juana fue maestra de multitud de niños/ a quienes enseñó a mirar la alta Estrella/ y la recuerdan siempre como ángel pudoroso/ que pasa por la vida ocultando sus alas.

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