Nena Córdoba encarna a una exdiva con ansias de inmortalidad que se remonta permanentemente al pasado; Luis Caram interpreta a un célebre actor de repertorio clásico que espera resignadamente la muerte. Aunque inicialmente se muestran enfrentados en su actitud vital, se redescubren unidos por una misma pasión: Shakespeare. El diálogo de estos dos seres solitarios desemboca en una identificación amorosa que los ubica frente a un mismo anhelo: el deseo de perdurar en el tiempo.

El sueño y la vigilia, del recordado Juan Carlos Gené, es la obra que Córdoba y Caram pondrán en escena este viernes 22 y el sábado 23, a las 22, en la Fundación Salta (Gral. Güemes 434), estrenando de manera exclusiva para los salteños esta pieza que Gené atesoró para sí durante casi dos décadas, negándose a ceder los derechos hasta que Nena Córdoba lo convenció.

Gené fue una figura mítica de la cultura argentina. Actor, director, dramaturgo y creador profundamente comprometido con su tiempo. Falleció en 2012 pero su legado latirá este fin de semana en Salta.

¿Cómo llegó este texto a sus manos y porqué decidieron ponerlo en escena?
Nena Córdoba: En 2003 o 2004 Jorge Renoldi me pasó el texto. Por aquel entonces éramos compañeros en el grupo GIT. Nos enamoramos de inmediato de él pero no pudimos hacerlo porque los derechos de autor estaban negados. Gené no los otorgaba a nadie. Dicen que no le gustaba que otros pusieran en escena sus textos. Temía sentir a sus obras como extrañas y, aunque eso fuera lo óptimo desde el punto de vista dramatúrgico, le costaba mucho despaternalizarlas. Hace tres años Gené me concedió los derechos y estaba decidida a llevarla a escena con mi Grupo NN, pero la postergué debido a otros proyectos. Ahora resurgió la oportunidad gracias a que mis compañeros Daniel Gauna y Diego Parra (Dirección general y Puesta en escena) se sumaron. Me dije: ¿por qué no actuarla? Y le propusimos el coprotagónico a Caram quien, a pesar de que no pensaba actuar este año, dijo que sí y yo salté en una pata de alegría. Fueron muchos años de espera, siempre quise hacer esta obra.
Luis Caram: Con Nena había trabajado un par de veces dirigiéndola, pero nunca compartiendo escena. Yo no conocía la obra pero no me costó ningún esfuerzo decirle que sí. Es un placer trabajar con ella y, por otro lado, es un privilegio hacer Gené.

¿Se hacen replanteos sobre la conexión entre el teatro y el público? ¿Cambió su percepción?

N.C.: Creo que el teatro sigue siendo un irreverente, blasfemo y malvado instrumento del artista y del público para hacer catarsis, cuestionar conceptos, resistir y/o poner en duda los condicionamientos sociales, romper estructuras, volverlas a armar, transmitir o contribuir a la construcción cultural, política e ideológica de la sociedad. Es como una culebrilla que se propaga y pica mucho si es popular; un discurso que se desdice si es elitista y se redime si es auténtico: un arte que trasciende si es capaz de transformar y atravesar de alguna manera el espíritu humano. De todo eso depende la respuesta del público, creo yo.
L.C.: Mi percepción sí cambió. Cuando volví a Salta tenía una visión muy global de todo, muy integradora y cosmopolita, un tanto despersonalizada. Pero uno sigue aprendiendo constantemente y en ese proceso va modificando parámetros. La meta es el placer que uno produce en el espectador. Dentro de la ética y la estética propia de cada uno, tenemos la obligación de darle al público lo que nos pide.

¿Por qué vale la pena ver El sueño y la vigilia?
N.C.: Voy a caer en un cliché diciendo que "vale la dicha verla", porque el amor y la muerte son muy cercanos. Tarde o temprano llegan y está bueno plantearse qué hacer frente a eso.
L.C.: Porque es una historia de amor y siempre es bueno acercarse al amor, sobre todo en esta época. No es un drama terminal. Por el contrario, abre puertas a la esperanza, a la continuidad y a la vida.

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