Valledupar es una provincia ubicada al norte de Colombia, al pie de la Sierra Nevada de Santa Marta, cerca de la zona bananera de Aracataca, inspiradora del mundo macondiano de García Márquez. Los apellidos Cotes y Buendía son oriundos de Valledupar y el realismo mágico es moneda corriente entre los habitantes de ese terruño húmedo y caluroso.
En este pueblo de tradición oral (hay 10 radios y 1 periódico) se instaló hace varios meses Francisco Ruiz, reconocido artista salteño que desde 1975, año en que viajó a México con una beca de la OEA para estudiar restauración de pintura, no he dejado de recorrer América, sus pueblos, sus museos, sus mercados, adentrándose en sus realidades "con el único fin de enriquecer la visión de los Espejos de América". Ruiz ha conjugado en esta serie, que se convirtió en la columna vertebral de su obra, su mirada trashumante con sus paisajes transfigurados e iluminados por refracciones de luz (esa cualidad esencial de los espejos). Sobre su estadía en Valledupar, el artista salteño le dijo a El Tribuno: "Sigue guiándome la sugerencia de Tolstoi acerca de pintar la propia aldea para ser universal. Este entorno ha calado mi obra pues ha enriquecido el ángulo mágico de los Espejos de América". Ruiz reconoce, además, algunos paralelismos entre su Salta natal y Valledupar: "Ambas se levantan en valles ubicados al norte del país; ambas tienen un fuerte mestizaje español e indígena: allá aruacos, aquí diaguitas o coyas; ambas culturas mastican coca y ambas son cunas de músicos y poetas: aquí la zamba, allá el vallenato", detalló el pintor durante su última visita a Salta.
A lo largo de cuarenta años, Francisco Ruiz ha expuesto sus obras en Salta, Buenos Aires, La Habana, Barranquilla, Nueva York, San Francisco, Montreal, México, República Dominicana y El Salvador. "Fueron 42 exposiciones individuales con los espejos a cuestas por América", resumió el artista que, además de promover su obra ha sido siempre un empecinado difusor de la ajena. Así, este año, los valduparenses disfrutaron de una muestra organizada por el salteño, que se llamó "El grito" y reunió a 39 artistas locales. Y como lo suyo es el permanente movimiento, ahora mismo está articulando un enriquecedor proyecto de intercambio de artistas entre Salta y Valledupar.

¿Ser artista en Valledupar se parece a ser artista en Salta?
Uno es artista, si es que lo es, donde esté. La realidad colombiana es totalmente distinta a la Argentina. Colombia es una nación que hace 50 años está envuelta en una lucha interna desgarradora y en estos momentos busca la paz. Entonces los canales de entendimiento y aproximación entre el artista y el pueblo son acciones culturales con formas estéticas y conceptuales que permiten cambios dentro de la sociedad tan herida. En Colombia el arte denuncia e implora la paz con lenguajes conceptuales entendibles para el pueblo. En Argentina el lenguaje está más cerca del intelectualismo. Es decir, es una acción más cerca de la tinta que de la sangre.
"El grito" fue una muestra colectiva que se concretó a instancia tuya. ¿Por qué no había proyectos colectivos en Valledupar?
Llegué a Valledupar después de muchos años de ausencia y como una forma de ir conociendo a las nuevas generaciones de artistas los fui convocando, junto a sus maestros, para organizar una exposición colectiva. Es a través del trabajo como se agrupa la gente. Los artistas en el valle son individualistas, poco dados a proyectos comunes. Pero cuando están reunidos por un propósito que les interesa sus voces denuncian, cuestionan, claman a las autoridades un cambio. Por eso el nombre de la exposición. Esta convocatoria reunió a 39 artistas de todas las manifestaciones plásticas y visuales y se convirtió en el panorama de las artes plásticas y visuales de Valledupar.


Durante su última visita a Salta, Francisco Ruiz volvió a sus orígenes: "Anduve por Socompa, Mina la Casualidad y el Cono de Arita. Yo nací en Salta y desde los tres meses hasta los tres años y medio, mis padres me llevaron por cuestiones de trabajo a Mina la Casualidad, donde aprendí a caminar en medio del frío, la soledad y las distancias insondables que luego reflejaría en los Espejos de América".
El artista que cambió mucho después las inmensas soledades de la Puna por los variopintos caminos de América, dice que aún teniendo el alma embebida de diferentes paisajes, sigue pintando lo sintió en su infancia, en la silenciosa vastedad de los Andes: "Soy un pintor que tiene, de casualidad, su partida de nacimiento en el Cono de Arita, lo que me convierte en el pintor de la puna", se autodefine Ruiz. Y amplía, trazando un paralelismo con sus antiguos excolegas del arte: "La geografía pictórica de la generación de los 50 y 60 en Salta quedaría dibujada así: Raúl Brie y Pretti, en la zona de Orán; Ramiro Dávalos en el Valle Calchaquí; Jorge Hugo Román, en las periferias de Salta, Neri Cambronero, en la zafra, y Francisco Ruiz, en la puna".

Contame acerca del proyecto que tenés para el intercambio de artistas salteños y valduparenses.
El proyecto de intercambio de artistas entre Salta y Valledupar es un sueño que veníamos caminando con Ana Gloria Moya (escritora fallecida el año pasado) y la Embajada de Colombia. Quedó trunco y en memoria de ella deseo realizarlo. Estamos conversado con Santos Vergara, escritor y gestor cultural de Orán sobre la integración y el hermanamiento entre Orán y Valledupar. En ambas ciudades hay necesidad de escuchar otras culturas, porque esa es la forma de ir tejiendo esta realidad latinoamericana que empieza a ser imprescindible cultural y económicamente hablando.

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