Un mechón enrulado, amorosamente guardado en un relicario, no tiene el mismo valor que uno arrastrado por la escoba en una peluquería. Tampoco produce el mismo efecto la cabeza rapada de una joven hoy, por adhesión a una moda, que la cabeza podada a la fuerza como forma de castigo, denigración y desplazamiento social de las mujeres colaboracionistas francesas en tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Sin dudas, este elemento capilar posee una indiscutible carga simbólica. Puede expresar modas, seducción, liberación, narcisismo, disciplina... Esa plasticidad polisémica, claramente, no es natural, sino que es creada y manipulada por nosotros: es social y específica a cada contexto histórico y sociocultural.
¿Qué puede significar la utilización del cabello como materia prima de una obra de arte? ¿Qué llevó a la artista plástica Adriana Kozub a recorrer peluquerías en busca de este componente orgánico que, una vez separado del cráneo, se vuelve tan anónimo e impersonal? "Corte carré" es el nombre de la muestra que la artista mendocina, radicada desde hace varios años en México, presenta hasta fin de mes en la planta baja del Museo de Arte Contemporáneo (Zuviría 90). Se trata de 22 piezas donde las figuras humanas -siluetas o retratos incompletos- nacen de la sutil dispersión de pedacitos de cabello hechos trizas o polvo, encapsulados sobre la tela con un fijador. A contramano de la desconfianza -y hasta rechazo- que suele generar el cabello anónimo, para Adriana Kozub, el pelo conserva su espíritu y dibuja historias... aún después de arrancado de la testa.

¿Desde cuándo y por qué el cabello como materia prima?
Aproximadamente hace ocho años atrás me encontré con este material orgánico, con espíritu y con historia que me ayudó a enfatizar el concepto sobre el cual gira la obra. Y a pesar de lo complicado que es trabajar descalza sobre el lienzo, es un material que a mí me da posibilidades expresivas que necesito.

El cabello propone un trazo esfumado que habla de lo incompleto. ¿Es un principio tuyo con respecto al arte en general?
No podría hablar del arte en general pero, en específico, con las líneas difusas intento balancear la literalidad de las cosas. Saco el cabello del contexto en que generalmente la gente lo ve, me alejo de la superstición y de lo grotesco. Esta es mi manera de contrapuntear esa forma conocida y familiar contra lo espontáneo, impetuoso y curioso que puede ser el exportador.

¿Qué creés que distingue tu obra?
Naturalmente tengo una inclinación académica. Es probable que lo que hoy define mi trabajo fue incorporar un elemento "no académico" en lo "académico" de la forma, o sea el cabello. Pero estoy en un punto en el cual quiero tomar otros retos que me redefinan como artista.

¿Qué aspectos de tu trabajo son los que más te apasionan?
Serían solo dos aspectos. Uno es el momento de creación cuando estoy en completo control y certeza de lo que quiero plasmar y pierdo la noción del tiempo en una especie de avalancha de creación. El otro no está bajo mi control sino que es un momento de completa expectación en el cual la obra ya no es mía sino del público y tengo la oportunidad de ver las diferentes reacciones y, en algunos casos, comentarios sobre la obra. Nunca los juzgo sino que los recibo como parte del proceso.

¿Algún trabajo que marque un antes y un después en tu trayectoria profesional?
Durante mi residencia en Barcelona, de una manera muy ambiciosa y casi hasta pretenciosa, me aventuré a representar parte de Las Meninas y de la Venus de Velázquez. Corté cabello teñido y fusioné distintas partes de estas obras en una misma pieza para generar diálogos con los personajes que acostumbramos ver en el contexto de otros cuadros. El impacto que ese trabajo tuvo en mí podría ser uno de esos momentos que me preguntás.

En tus obras hay entrelíneas, sugerencias... ¿tiene eso que ver con tu amor por la poesía?
Sí, para mí las sutilezas y el contrapunto son muy importantes y lo que no se dice a veces puede ser mucho más poderoso que la literalidad. Esto lo observo, por ejemplo, en los comentarios que me dejan en la muestra, que por lo general tienen que ver con las formas, la ausencia de rostros y, por supuesto, con la apertura con que la gente interpreta la obra.

¿Cómo y por qué elegiste México para quedarte?
Hay cosas que tu país natal te puede ofrecer y que un cambio de espacio puede enriquecer. México fue formativo en ese sentido porque es mi país de adopción. Un país con mucha riqueza cultural que me enriqueció en todos los sentidos. Soy una artista de impulsos y así de impulsiva fue mi decisión de vivir en México. Yo venía por diez días y llevo veinte años. También de manera impulsiva corté relaciones personales y a veces las restablecí. Con esta obra estoy reconciliando mis lazos y espero que esto invite a otros a reflexionar sobre sus propios vínculos.

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