Para el francés Christophe Thillier, muchas cosas de esta vida se resuelven caminando. Su filosofía es tan antigua como la relación del hombre con la naturaleza. Caminar facilita la introspección y pone al caminante en sintonía con su propia existencia.
Christophe Thillier es geólogo y fotógrafo, y está presentando su muestra "El peregrino blanco", en la Casa de la Cultura (Caseros 460). Las obras -panorámicas y en blanco y negro- son "un reportaje social, un documental silencioso" que ilustra la emotiva hazaña de decenas de peregrinos que, año a año, atraviesan la Puna salteña para rendirle homenaje al Señor y a la Virgen del Milagro.

Su profesión llevó a Christophe Thillier a trabajar en la zona de los salares de Centenario y Ratones, una cuenca extensa que se abre desde Santa Rosa de Pastos Grandes hasta el volcán Ratones, en el límite con Catamarca. "Trabajo con un equipo de geólogos y técnicos que desarrollan un proyecto minero de litio. Cada semana viajo hasta allá atravesando la ruta 51, camino por donde bajan los peregrinos todos los años para vivir la fiesta del Milagro. Fue en 2012 cuando me los crucé por primera vez, bajando de San Antonio de los Cobres. Era una mañana gris y fría pero la columna de peregrinos avanzaba a paso firme y, a pesar del cansancio, se escuchaban los cánticos elevándose en total armonía con el paisaje de la Quebrada del Toro. Eso me inspiro un total respeto", relató Thillier en diálogo con El Tribuno.

"La primera impresión surgió como una extraña paradoja. Vi a gente sufriendo, poco equipada por caminar días y días, con calzados destrozados y abrigos livianos, que sin embargo bajaba cantando, riendo y compartiendo felicidad", expresó el autor de "El peregrino blanco".

Christophe Thillier comenzó a interesarse por la fotografía desde muy joven. A los 12 años le obsequiaron una cámara Kodak Instamatic y empezó a armar un álbum de fotos familiares. A los 23 años, cuando viajó a Canadá en su primera experiencia laboral como geólogo, comprendió que la cámara era una herramienta irremplazable para documentar su viaje. "Hoy no paso un solo día sin mi cámara. Es mi forma de expresión y prevalece sobre la escritura y la palabra", confesó el artista.

Al año siguiente (2013) de aquel primer azaroso encuentro con los peregrinos, Thillier decidió sumarse a la columna y acompañarlos durante un tramo. En 2014, alucinado por la experiencia, tomó el bastón de peregrino -y su cámara- y los siguió a lo largo de todo el recorrido: "He recibido una educación católica pero no soy practicante. Acepté acompañar a los peregrinos por curiosidad, para tratar de entender lo que los moviliza. Y sobre todo porque sabía que una semana andando entre los cerros me daría paz conmigo mismo y un poco de tiempo para la reflexión".

"Aunque mis fotografías no son perfectas, son muy honestas, al igual que las emociones vividas", concluyó el fotógrafo que logró registrar esa contradicción que solo se explica a fuerza de fe: la enorme hazaña del peregrino que avanza venciendo la adversidad del paisaje, sin perder su frágil estatura de hombre.

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