"Michi, kuchi, pillpinto, ñaño, chinkanki, purinki, chirle, chuyito, tuy, chuy, tata y mama". Estos vocablos, de aparición subrepticia entre los enunciados en castellano, dan cuenta de que en el Noroeste argentino y en nuestra habla cotidiana se cuelan muchos quechuismos. El repertorio de palabras pertenece a la Lic. Katia Gibaja, directora de la Fundación Ecos de la Patria Grande y de la Academia de Quechua Qollasuyo Salta, para quien todo estudiante de quechua "aprende sobre la cosmovisión andina, se reencuentra con sus raíces y la mayoría reconoce en su infancia la impronta andina en el idioma español".
El próximo lunes 21, a las 19, en la Coordinación de Bibliotecas y Archivo Provincial (Sarmiento y Belgrano) Katia Gibaja ofrecerá gratuitamente una clase de presentación y preinscripción a quienes deseen aprender el idioma de los incas durante el ciclo lectivo 2017.

Según el sitio web "Admiradores del idioma quechua", esta no es una lengua unívoca, sino una familia de lenguas originarias de los Andes centrales y que se extiende por la parte occidental de Sudamérica a través de seis países. También de acuerdo con esta fuente, el rango de hablantes de quechua se sitúa entre los ocho a diez millones de personas.

El estudio del quechua se inició en Salta el 7 de octubre de 1997, fecha de la fundación de la Academia que dirige Katia en los salones de la Fundación Salta (General Güemes 434). De la conformación de este instituto participaron el presidente de la Academia Mayor de la Lengua Quechua del Cusco (Perú), el Dr. Juvenal Pacheco Farfán, e integraron la primera comisión Raquel y Ramiro Peñalba, Nora Palacios, Norma Sánchez y Rubén Gallegos.

"Las clases comenzaron a difundirse con afiches que decían 'Aprenda quechua con Katia Gibaja' y fueron 14 personas quienes recibieron las nociones del idioma. Luego, cada año fueron sumándose en un porcentaje inesperado hasta llegar a cursos de verano que se realizaron en el Centro Cultural América con seis comisiones de 30 alumnos cada una, incluyendo un grupo de 42 niños", recordó Katia. Tanta demanda la llevó a editar un libro "Aprenda quechua", al que acompañaba un CD con una práctica de fonética que permitía pronunciar los fonemas guturales, espirados y simples propios de esta lengua.

Katia comenta que el hispanohablante, cuando entra en contacto con el idioma quechua, siente una alegría interna profunda o "kusikunanchis". "En la clase de comidas se dan cuenta de que a los ingredientes los conocen por su nombre en quechua como la papa, el choclo, las habas, y se sorprenden de que al maní se le diga 'inchi' y a la mandioca 'rumu'", señaló. Agregó que la misma reacción se genera al entrar en territorio lúdico. "Cuando recordamos los juegos de la payana, la paka paka o escondidas, la chutana o tirar de una soga dos grupos, todo los remonta a su niñez", detalló. Igual suerte corren sufijos diminutivos con connotaciones cariñosas como "-cha" que se coloca a los nombres como Natalia dando por resultado Natacha en vez de "-ita": Natalita.
Además, el lunes 21 el investigador Ernesto Sánchez Ance, presidente del Centro de Estudios de Quechua Jorge A. Lira, de Tucumán, dará una capacitación de gramática quechua para alumnos del ciclo básico, de 20 a 21, y avanzados, de 21 a 22. Consultada acerca de si a pesar de las variedades regionales se logró recuperar una gramática y una fonética que pudieran unificar el idioma, Katia comentó: "En el quechua hay un secreto: la raíz fonética de las palabras está intacta. Solo los prefijos o sufijos cambian de acuerdo con la región, pero la base está intacta, por eso podemos comunicarnos sin dificultad en las seis repúblicas en las que actualmente se habla el idioma quechua: Ecuador, Colombia, Perú, Bolivia, Chile y Argentina, es decir, lo que fue el Tawantinsuyo".

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