Victoria Carreras: "En el filme se ve a Tita como la mujer increíble y la anciana sabia que llegó a ser"

Victoria Carreras tiene grabadas en la memoria escenas únicas de Tita Merello tirándole las cartas a todos los miembros de su familia; de Tita deshojando anécdotas inagotables en la sobremesa de un domingo de otoño; de Tita anciana apoltronada en un sillón, envuelta en sabiduría y en años. Estas secuencias quedaron atrapadas también en una filmadora que la actriz y directora, hija de Enrique y Mercedes Carreras, atesoró hasta hace un par de años, cuando decidió sacar esos archivos a la luz en un documental que llamó "Merello x Carreras". El filme retrata a la Merello en la intimidad de dos almuerzos familiares en casa de los Carreras (1995), y en su última actuación en el teatro, a los 80 años, en la obra "Para alquilar balcones".
En ésta, su ópera prima, Victoria Carreras nos permite disfrutar una vez más a la Merello desde su inigualable estatura artística y, fundamentalmente, desde su profunda caladura humana.
El documental se proyectará este sábado y el domingo 26 de julio, a las 20, en el cine Espacio Incaa del Hogar Escuela (Pje. Chiclana e Yrigoyen).

¿Por qué elegiste a Tita para tu primer proyecto cinematográfico?
Este trabajo tiene su raíz en el contexto familiar. Tita Merello almorzaba todos los domingos en la casa de mis padres a raíz de la amistad que había surgido con mi papá, Enrique Carreras, que la dirigió en siete películas y fue su compañero en varias temporadas teatrales. En sus últimos años, Tita no quería que le sacaran fotos o que la filmaran. Pero en uno de esos almuerzos rompió su propia regla y me pidió que hiciera unas tomas. Fue durante una circunstancia particular que atravesaba la familia y era que yo estaba a punto de dar a luz a mi hija y mi papá estaba a punto de morir porque estaba muy enfermo. En ese contexto fue que Tita me dijo: "Victoria, filmá". Prendí la cámara y registré sin puestas en escena lo que ocurría normalmente durante esos domingos en familia.

¿Registraste varios domingos?
Fueron dos. En uno yo estoy en mi preparto y en el otro mi hija ya ha nacido y mi papá ya no está. Son escenas donde se puede ver a Tita Merello compartiendo la mesa, contando anécdotas, tirando las cartas... En la intimidad.

¿Tiraba las cartas realmente?
Sí, tiraba las cartas de los ángeles. Era una mujer muy espiritual. En ella se daba una especie de sincretismo de creencias. Sabía sobre budismo, tenía una profunda fe católica, estaba muy a la vanguardia con todos los movimientos de la Nueva Era, practicaba el tarot angélico, hacía tratamientos de homeopatía y terapias alternativas... Era una mujer muy particular. Cuando nos tiraba las cartas se creaba un clima especial y cada uno compartía con ella preguntas, miedos, dudas...

Son archivos de un valor entrañable...
Sin dudas. Se la ve a Tita alejada de los estereotipos, despegada de su imagen de muñeca brava, de cantante rea... Se ve a la mujer increíble y a la anciana sabia que llegó a ser. A esos archivos se suma la filmación de la última vez que Tita cantó en teatro. Este hecho coincide con mi debut artístico como actriz, porque las dos estuvimos en esa misma obra, que se llamaba "Para alquilar balcones". Yo tenía guardado ese material que es fantástico porque Tita canta en el escenario con sus músicos, muy graciosos. Ella tenía una vigencia impresionante y gran capacidad para tocar temas como las problemáticas femeninas, abordándolas con humor.

Una de las imágenes que quedaron de Tita fue la de ser una mujer solitaria. ¿Era así? ¿Sufría su soledad o la elegía?
Ella decía que la soledad había sido su compañera de toda la vida. Cuando hablamos de Tita Merello tenemos que pensar que Laura Ana Merello fue una niña que nació en un hogar muy humilde donde padeció muchas privaciones, que a los 12 años tuvo que ir a trabajar a un campo vestida de varoncito para que no abusaran de ella... Y ya de jovencita se fue a la gran ciudad y se dedicó a la actuación y al canto para sobrevivir. Fue una niña sola, fue una adolescente sola. Su escuela fue la calle, por lo tanto fue una mujer que se endureció. Aprendió a leer de grande. Un amante le enseñó. En ella todos vemos a la gran estrella que fue, a la mujer refinada, pero su vida fue muy difícil. Tuvo un gran amor que fue Luis Sandrini y también muchos amantes, porque fue una mujer muy libre.

¿Les hablaba mucho de su infancia y su juventud?
Sí, pero no había resentimientos en ella. Sí había una preocupación constante por la gente que estaba sola, por los necesitados, por las cuestiones de género. Tita infundía fuerza y fortaleza, pero tenía un carácter difícil también, basado en una honestidad brutal: era tan frontal para decir las cosas que a veces resultaba duro escucharla. Pero por lo mismo era muy auténtica.

¿Tita pasó sus últimos días en la Fundación Favaloro por elección?
Ella eligió ese lugar. De hecho en el documental ella reflexiona sobre cómo serían sus últimos años y sobre la expectancia que le provocaba la muerte. Era un tema que la desvelaba. Pero también se quedó ahí porque ella veía al doctor Favaloro como a un padre. Fue él quien le brindó contención y cuidados hasta el último minuto de su vida.

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