El muralismo es una de las expresiones más antiguas de la humanidad, una forma plural y colectiva de repensar el mundo en que vivimos. Nuestra provincia cuenta, por supuesto con muchos de ellos, que reflejan desde las costumbres más ancestrales hasta las manifestaciones más modernas. Los muros de Salta hablan, dicen, con voces diversas y trazos peculiares que le otorgan una interesante polifonía urbana y corren a los lugares de la monotonía propia de lo inmóvil.
Sin embargo, como una lamentable metáfora de de intolerancia, el mural que había realizado este fin de semana el artista Martín Córdoba amaneció tapado. La obra retrataba a un demonio rojo que sobresalía entre la intensidad de un fondo azulado. La creación violentada se ubica en Gorriti 72 y despertó una notable reacción en el universo virtual.
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Al conocerse la noticia, decenas de personas se solidarizaron con el artista en su cuenta oficial de Facebook. Así, un usuario responsabilizó por lo ocurrido a "Algún envidioso sin talento" y otro agregó que se trató de "Fundamentalismo cristiano-salteño: tenía un diablo", entre muchas de las opiniones vertidas por los seguidores del artista.
Córdoba, por su parte, reveló también en la red social, que lo sucedido: "Es raro, me alegra porque produzco algo en la gente, me bajonea porque me doy cuenta que vivimos en una sociedad que esconde o tapa o oculta lo que no entiende o soporta... así no se crece", concluyó.
En diálogo con el Tribuno, la mujer del artista aseguró que "él esta indeciso, no sabe si repintarlo o no. Una persona le ofreció una pared contigua y nos han dicho en el barrio que supuestamente lo habría tapado un vecino de la zona con un comportamiento complejo".

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