Saber que el gran Bruno Gelber puede atender el teléfono, predispone de modo especial. Y cuando el mismísimo maestro responde ¡Aló! del otro lado, se acaban las especulaciones y comienza la estimulable tarea de afrontar una charla con uno de los más grandes pianistas que ha dado este país, considerado entre los mejores del mundo. Afable, distendido, sin vueltas, dedicó una media hora de su tiempo a una charla con El Tribuno. Y todo a partir de su presentación, el miércoles próximo, en la Casa de la Cultura de Salta, a las 21.30, por obra y gracia de un esfuerzo de la filial local del Mozarteum.

¿Cómo vive durante tantos años en ese lugar de ciudadano del mundo?
Estoy acostumbrado a vivir en lo excepcional con la mayor naturalidad. Para mí, el hecho de estar en público y todo lo que conlleva la carrera, es natural. Pero no son todas flores, no?, ser ciudadano del mundo es difícil porque los viajes son complicados, hay una cantidad de cosas que mejor que el público las ignore... pero es una vida complicada a veces, porque no todo está tan allanado como parece. La gente cree que vivimos flotando entre nubes rosas. Estamos más que los demás en la realidad de las cosas porque los trenes no salen en horario, las conexiones de los aviones son complicadas, salimos de un concierto y no tenemos donde comer porque los restaurantes están cerrado, en algunos hoteles, a las 8 de la mañana le hacen trabajos encima, cosa que odio porque soy noctámbulo y mi trabajo es de noche... pequeños detalles. Pero, la única manera de ser ciudadano del mundo es hacer frente a todas estas cosas.

"Mando un abrazo gigantesco a los salteños; estoy feliz de volver y voy a dar lo mejor para llegarles al corazón".

Es la otra cara de la moneda, aunque no alcanza para restar brillo a la faz artística.
De ningún modo. Yo llevo el este estandarte de ciudadano del mundo con gran orgullo, pero que la gente no crea que es tan fácil, ni tan ideal, ni perfecto. Igual, es una vida maravillosa. Yo he conocido 52 países. Es más fácil decir en qué lugar del mundo no toqué, que adónde toqué; he tocado con los directores, salas y festivales más importantes. Nada es comparable a la alegría que me da la música. La música es mi religión, mi pasión, y la vivo con la intensidad del primer día.

Entonces coincide con Jorge Luis Borges en que la música es la más perfecta de todas las artes...
No conozco las artes como el maestro Borges para dar tal definición, pero para mí la música es la mejor. Aparte de eso, uno interpreta el momento de inspiración divina de los genios.

A propósito de genios, ¿por qué tiene a Beethoven entre sus preferidos?
En la música, el idioma de Beethoven me es común, lo entiendo, lo siento, siento el dolor, la amargura, la alegría, la inspiración... lo siento como si lo conociera.

¿Qué le pasa cuándo escucha a los clásicos -"Claro de luna", por caso, que usted va a interpretar en Salta- con ritmos y melodías de otros géneros musicales?

A mí, no me gusta. Incluyo al Himno Nacional que lo tocan con armonías modernas, con instrumentos que no tienen nada que ver. Los otros días ví una retransmisión de La Traviata, donde la pobre se moría sentada en una silla como todo lo que se veía sobre el escenario. No me gusta que la gente actual desvirtúe lo que está hecho en otro momento. No es que no me gusten las obras modernas, hay en todas las artes cosas maravillosas. Lo que no comparto es modificar lo que se hizo en otro momento.

"Soy una persona en exceso estética y donde menos vergüenza me da mostrar mi debilidad es en el escenario".

¿Cómo es el público argentino? Considera que tiene buen oído musical?
Es un excelente público, sabe escuchar y sabe aplaudir. Normalmente, el público que aplaude mucho es bullicioso y poco atento, se mueve, habla, en cambio nosotros sabemos escuchar y manifestar con pasión nuestro entusiasmo. A veces, los públicos que oyen música con mucho respeto, son más fríos, pero nosotros tenemos las dos características.

¿Por qué cree que esto es así?
En las etnias que formaron nuestro pueblo prima la parte visceral, latina, que hace que podamos exteriorizar sentimientos. Somos seres agradables, abiertos...

Después de más de 5 mil conciertos que interpretó en su vida, tiene algún recuerdo de aquél primero que hizo a los 5 años?
¡Me acuerdo como si fuera hoy..! Hasta me acuerdo cómo vestía mi madre, el colectivo que tomamos en la calle Cramer (barrio Belgrano) el colectivo 267 ( 67 en ese momento) para ir a Constitución y de allí un tren hasta Quilmes. Toqué en un concierto multitudinario de fin de año, de alumnos de una colega y amiga de mi madre. Salí muy campante, feliz, seguro... Fue el único concierto en el que no tuve nervios.

¿Todavía tiene nervios en la previa a un concierto?
Siempre tengo nervios, tengo inseguridades. Es el precio que uno paga por la responsabilidad del nombre que lleva.

"Me gusta la vida como famoso, pero también me encanta el contacto íntimo con la gente. Hago un culto de la amistad".

¿Sigue estudiando y practicando como siempre? ¿Cómo es un día suyo?

Un día mío es sentado frente al piano estudiando y practicando como siempre. Soy una persona multifacética porque soy capaz de estar estudiando y charlando al mismo tiempo, o viendo televisión. Uno de mis pianos está frente a un televisor y ayer (por el viernes ) me quedé hasta las 7 de la mañana viendo en la tele un filme con Bette Davis, una maravilla, y al mismo tiempo estudié hasta esa hora. Me gusta la noche por la tranquilidad, uno no siente lo mismo a las 12 de la noche que a las 12 del mediodía. La intimidad de esa hora es diferente. La noche es misteriosa.

¿Cómo se lleva con la tecnología? ¿Tiene celulares de última generación, tablets, redes sociales?
Tengo celular porque hay que comunicarse, pero no manejo informática, soy analfabeto. La tecnología es maravillosa, el asunto es el uso que se hace de ella. La gente no escribe más una carta, en vez de comunicarse con la persona se comunican a través de algún aparato. Yo no critico...¡si hasta se casan por internet y a veces funciona! No sé, a mí me sigue pareciendo que no hay nada más lindo que la comunicación personal entre la gente. A mí me gusta hablar por teléfono, como estamos hablado nosotros ahora, y que podemos escucharnos la voz, los silencios, la respiración... es muy distinto de lo que sale de una máquina. Lo que pasa es que los jóvenes hacen abuso de eso, uno invita a comer a gente joven y sacan el teléfono. Eso no, si vienen a verme a mí no es para hablar por teléfono. Usted tenga en cuenta que yo soy una persona de mi época, yo prefiero ver buen trato, tener una buena conversación con una persona amiga, la pequeña comida de 5 o 6 persona. ¿Sabe una cosa? Yo he tenido tantas reuniones gigantescas, conciertos multitudinarios que siento que "di la vuelta a todo eso" por eso ahora me gusta el regreso a lo intimista, lo más chico. Le voy a ser bien claro: Bruno Gelber es más feliz con lo común de los mortales que con lo que ha vivido por el mundo. Claro que estoy muy encantado de haber conocido y vivido la vida de un artista famoso, pero me encanta el contacto personal, íntimo con la gente. Hago un culto de la amistad.

Imposible imaginarlo tocando en un teclado electrónico.
Tengo un piano electrónico para tocar de noche porque puedo bajar la intensidad y no molesto. Yo no niego la importancia de la tecnología, solo digo que debe usarse como es debido, que no se haga abuso.

¿En algún momento pensó que ya no podía aprender nada más?
Si uno piensa eso es mejor morir. Estamos en esta vida para aprender cosas y hacer cosas por los demás. Y le digo más, me encanta enseñar. Me encanta despertar a las personas a las vibraciones musicales y a darle los medios para que se expresen. No tengo mucho tiempo ahora, pero me encanta transmitir a los que vienen lo que pude aprender.

Se lo escucha muy bien. Su salud está bien.
Bueno, tengo mi pierna poliomielítica que me acompañó a lo largo de toda mi vida, pero me sostuvo, la admiro y la respeto porque me llevó por todo el mundo, aún con sus achaques. Gracias a Dios estoy en plena forma para hacer un concierto, no ha menguado en ningún momento mi pasión por la música ni mi posibilidad para interpretarla.

¿Alguna vez pensó en dejar de tocar el piano?
¡Ni se le ocurra! Yo me casé con la música, con ese señor de dientes blancos y negros que me sonríe todos los días y soy fiel a él y nada me hace más feliz que el contacto cotidiano con el instrumento. Para mí, esto es una religión que me llena de emoción y orgullo. Tengo en mis oídos, música todo el tiempo.

¿Qué música?
Cualquiera. Toda. Me reto, me digo: "Basta de esto". Cambio, busco hasta que me quede en los oídos otra cosa. Puedo emocionarme hasta las lágrimas escuchando a Ella Fitzgerald.

Cuando en 2007 estuvo en Salta usted visitó la Virgen del Cerro. ¿Volverá?
No fui hasta la Virgen. Lo que hice fue pedir una entrevista con María Libia, y ella me recibió.

¿Volverá a reunirse con ella ahora?
No sé si va a tener el tiempo para recibirme, pero sería un gran gusto. La admiro mucho, lo que hizo es algo único. Yo soy creyente y rezo como loco. Creo en el otro universo, siento los que se han ido, la inspiración, la ayuda, los retos.

¿Le interesa la política?

No es mi target.

¿Cómo ve la Argentina de hoy?
Encienda la televisión y va a ver.

Pero depende de qué canal sintonice.
Hay que mirar todos para tener una idea y que cada uno saque sus conclusiones. Pero debo decir que, en general, el mundo está complicado, con dudas, hay mucha violencia. Creo que la gente está equivocada cuando cree que con las posesiones materiales todo se arregla. Si supieran que nada es comparable con la educación y la felicidad espiritual..!


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