Cuando traspasamos la puerta del lugar, el cuadro es sin dudas atípico con respecto a los otros locales de la Balcarce: un punk está sentado en la barra junto a un chico de camisa a cuadros y cuentaganado en la cintura, más allá un travesti charla con un rockero pesado de campera de cuero y tres hippies vocalizan "La hija del fletero" de los Redondos, haciendo de coro para una chica que baila y parece recién salida de un desfile de modas.
En medio de la discusión acerca de la discriminación en los boliches salteños, "Zumba" aparece como una singularidad. Es que este boliche, que reúne al under de Salta con lo más conocido de su sociedad, es un producto que nació y creció con el Paseo Balcarce y con el nuevo siglo. Y seguramente por eso está marcado por el espíritu de su época: la democracia. Actualmente, uno se puede cruzar allí con los integrantes de "Agarrate Catalina", "La Renga", los músicos de la Sinfónica, actores, ministros o con jóvenes senadores. "Habremos sido el cuarto local que se abrió en la Balcarce", recuerda su creador Alfredo García. Junto a su hermano José, han recorrido desde entonces todos los vaivenes de la zona, sin tener que volcarse en ningún momento, a un ningún grupo etario determinado en detrimento de ningún otro para poder sobrevivir. Hace poco tiempo que Zumba cumplió 12 años de vida, siendo reconocido por los otros propietarios de los locales del Paseo. Alfredo García cuenta que al principio no tenía una idea muy clara de hacia dónde llevar el barco que acababa de tirar al agua. "Matías Rodríguez Wilkinson, por entonces dueño de 'Zátiro', me dijo que yo ya sabía suficiente como para abrir mi propio bar y le hice caso. A los años me di cuenta de que estaba trabajando en el bar y que era mío", recuerda. Alfredo tenía por entonces 23 años y no hacía mucho que había cursado el secundario en el Instituto de Educación Media
(IEM) dela UNSa.
"Ahí siempre hicieron hincapié en aceptar al diferente, en evitar la discriminación. Y eso lo aplicamos todos los que fuimos a ese colegio", confiesa. "La verdad que la idea que tenía era el de crear un espacio que fuera lindo para toda la gente y no para unos pocos. Eso me empujaba más que el hecho de buscar la guita", dice. Cuenta que fue fundamental el trato que le dio a la música. "La música fue la herramienta con la que empecé a conectar a la gente. Al principio poníamos mucho rock, pero después incluíamos por ejemplo a Rubén Blades, lo que acercaba gente de otro estilo. Y yo interpretaba las reacciones", cuenta. Luego, la necesidad de un espacio mayo obligó a Zumba a abandonar el pasillo original y ubicarse donde se encuentra actualmente sobre Necochea. "Ahora tengo miles de clientes y nunca cerré. Esa es la impronta del bar. Hay lugar para todos, para los cholos y para los yutos, para el machista y para el gay. Y el que entra entiende que no da discriminar a nadie. Además como no hay patovica, si te molesta tomar un trago al lado de un gay, tenés la oportunidad de decírselo al dueño. Pero creo que se aprende. Es un logro la convivencia. Y es algo a lo que aposté desde el principio, porque no creo que no se pueda. La gente puede aprender a aceptar al que es distinto. Por ejemplo siempre me criticaron porque si dejaba entrar a los travestis, mi bar se haría un bar gay. Pero dentro de esa comunidad hay gente a la que le gusta el rock y no creo que sea muy cómodo tener que juntarte necesariamente con gente como vos para compartir música y un trago. Hay que aprender a compartir con los que son distintos a uno sin tener que convertirse en el otro. Apuesto a la sensatez", dijo García.

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